martes, 14 de julio de 2015

Un poco de mí


Ojalá pudiera recordar con precisión la edad que tenía cuando tuve mi primer pensamiento, e intento pensar; pero nada viene a la mente; es triste; deberíamos ser como los elefantes que recuerdan desde que están en el vientre, o tal vez en mi caso, es preferible no recordar.



Lo que si recuerdo y que tengo bien marcado es ese día en el que mi madre partió: tomó su rumbo sin importar lo que me deparaba. Yo tenía cuatro años y vivíamos en una hacienda, llena de jardines, con un balcón que daba al interior de la casa, con numerosas habitaciones, una de esas la llamo la habitación del silencio, del miedo, de la impotencia. Por momentos  se me viene  a la mente una pila de maíz en el centro de la casa en donde siempre había alguna vecina gorda con brazos fuertes, espalda ancha y cabizbaja que solía golpear el maíz como única forma de desahogarse por tener un hogar en donde su marido era el que maltrataba, también se me vienen recuerdos nítidos de  un árbol de tomate-de-árbol (así se llama Colombia) en donde encontraron una boa que media varios metros, de ancha más gruesa que el propio árbol y que había matado a varias personas, y una tienda en la que solía robar gomitas, dulces, y galletas entrando a hurtadillas en las noches para luego esconderlas en el bunker de los dulces  debajo del colchón de mi cama

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